EXPEDICIÓN A LAS PUTAS - de PRUSIA (2016). Inédito

20:35


...En la delicia de la sal se hallan

todas las lanzas del espíritu. Avivaré con
sal todas las bocas muertas del deseo.

                                           Saint-John PERSE. Anábasis, 119.

I

No importan sus nombres.
Ellas no bromean al decir
que al final se quedarán
con la mitad de lo que llevás encima.
Todas sus historias se parecen:
hablan de tarjetas de crédito explotadas,
de antídotos contra el remordimiento,
de clientes paranormales,
de cerveza espuria.

Con una puta siempre es lo mismo.
Una vez que oigás su lengua
babeándote el tímpano,
que sintás su sostén marcado en bruto
como por alambre de trinchera,
su cola de yegüita montaraz
que aparece y desaparece
como parte de una ilusión
en cuyo fin
no hay luz ni humo,
ya estás en riesgo de un querer
para el que nada te prepara.

La mayoría te conduce al cuarto
hablando de negocios
y al salir te toman de la mano
como una esposa de lata.

Lo asumen como lo que es:
un desfile hacia el infierno
de ida y vuelta.

Sea o no verdad,
casi siempre sonríen
con los dientes
y el corazón perfectos.

II

Algunas afirman llamarse
o se dejan llamar
de formas muy extrañas:
Mike, Jackie, Dafne...He ahí el motivo
de que a veces es como irse
con una bailarina del siglo XIX
o con el parador en corto
de los Bravos de Atlanta.

Un buen nombre es aquel
fácil de gritar y fácil de maldecir,
aunque sí hay mezclas que requieren cierto alpinismo:
siempre es difícil no llamar Ginger
a una pelirroja urticante
o entrar en confianza
con una morena anónima que es más una turquesa anónima.

Un nombre es algo que no se debe exigir.

Todas están hechas de pan entibiado
y pesan en bondad lo que pesa un edificio
aunque te roben, te enfermen, te confundan.

Así derriten la parafina de la oscuridad.

Una cuestión de métodos.

Yo llegué a pagarle a alguna
por verla vestida solo
con los misterios gozosos
de un rosario negro.

III 

Ella es una tumba.

Le podés dar los números,
las claves, los detalles
de tu existencia
y ella lo blindará todo según el acuerdo.

Esa mujer vestida de blanco
por dentro y por fuera,
sentada a la barra, tomando con una sed confusa,
es una tumba.

Ella resume el estar ahí
con una frase arbitraria
y conflagrante;
"Yo soy tu dios".

Así deja claro y fijo un punto:
su negocio está en la desnudez
y es muy buena en su negocio.

La escalarás por la pared de su cabello
en competencia con otros
y habrá noches que tendrás que regresar
por las inclemencias de su sangre.

Creeme que dolerá.

Creeme porque yo no he podido salir aún
de algunos enredados cuerpos.

Las putas son una constelación cansada.
Sus nombres escritos en piedra
son mandamientos torcidos.


IV 

Creeme, puto amor,
que un día tu chal
se atorará en mis dientes
y morirás entonces como Isadora,
desnucada y con el torso
muy lejos de mí.


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